Crónicas Limeñas.

Muchacho! Deja el Teléfono! Fíjate que ha subido la cuenta! Te pasas horas hablando tonterías!

Todos hemos escuchado esas cariñosas y sabias palabras de nuestros progenitores, hablábamos con los amigos pero sobre todo con la chica que robaba nuestros sueños.

Alguien se le ocurrió que la mejor forma de controlar las llamadas que podíamos hacer era colocarle un pequeño candado en el último número del disco, el 0.

Otros le colocaron una caja de madera con seguro y la llave solo la tenía la mamá, claro, ella era especialista en llamar a sus hermanos y amigas y contarle todos los chismes habidos y por haber, solucionar los problemas económicos del país y hasta recetar medicinas para algún familiar enfermo. Era la Todopodersa de la casa. Y nosotros nos quedabamos en un rincón de nuestro cuarto escribiendo -con buena ortografía y sin los horrores ortográficos de hoy- cartas de amor a la amada que aun no llegaba a nuestras vidas.

Pero no contaban con nuestra astucia, aprendimos el truco de golpear tantas veces como números tenía el teléfono de la chica, en la horquilla donde descansaba el auricular y disfrutamos de la cálida voz de «ella» y si por ahí pasaba nuestra mami le decíamos que nos habían llamado.

Y es que tener teléfono fijo en aquellas épocas era un lujo que muchos se permitían.

En mi caso, tenía un teléfono fijo en casa, primero fue el teléfono de pared y luego el teléfono decorativo muy parecido al que colocamos en la foto.

Era la de nunca acabar. Primero armar expediente en la Compañía Peruana de Teléfonos. Segundo Esperar a que alguien deje el aparato, ingresando a una gran lista de espera, eran momentos donde se «engrasaba» a la gentita para que te subieran y tuvieras la prioridad en conectarte, y justo cuando eso ocurría te decían:

«Disculpe, pero no hay facilidades técnicas…» y de nuevo a la espera que desespera.

Ya en los años 80s, cuando comenzó la competencia telefónica y con la llegada de los celulares, Telefónica que compró a la CPT toda su red hizo la cosa mas tranquila, Habían Teléfonos fijos pre pago (funcionaban con tarjeta o con un pago mensual, y solo con pocos minutos).

Así me destruyeron mi primer negocio de niño, porque cobraba 0.50 centavos por llevar el recado del enamorado de turno a las chicas que vivían en mi edificio, y 1 sol por cada 3 minutos de llamadas, buen negocio diario!