Cuantas veces mi mami se fue a la cama haciendo tronar sus tripas, y cuando le ofrecíamos algo de lo que estábamos comiendo ella decía: “No chiquitín, gracias, coman ustedes que ya comí yo”.
La verdad era otra, ese día la comida solo alcanzaban para los pequeños de la casa, mi papi había enfermado y lo poco que se tenía guardado se gastó en su recuperación, en casa vi salir antigüedades que valían su buen dinerito, con el producto de esas ventas pudimos vivir durante un año.
Cierta noche en casa, mi mami preparo de lonche arroz con leche, un delicioso arroz con leche, mi hermana y yo veíamos con agrado el postre, mi mami con su taza de café nos contemplaba a la distancia, “Mami, ven a comer con nosotros”, “no gracias, ya comí”, pero la verdad me la contó la Panquita, mi nana de quien ya les hablé en una crónica anterior, el dinero no había alcanzado para el diario y mi mami prefirió darnos un suculento lonche para ir a dormir con la barriga llena y el corazón contento.
En ese momento, mi hermana Teresa y yo decidimos ir en busca de mi mami y traerla con juegos a la mesa, habíamos repartido el arroz con leche para todos y como siempre yo abriendo mi bocota: “no importa si en la casa hay un pan se divide entre todos”, mi mami rompió en llanto, se sentó con nosotros y comenzamos a tomar el lonchecito más rico que recuerde.
¡Gracias Mami por tanto y tanto amor!
