El Afilador de Cuchillos.
Con su paso cansino, lo veíamos entrar a calles, jirones, avenidas de todo Lima empujando su rueda y dándole al silbato que anunciaba su llegada al barrio.
“Ahí está el afilador” gritaba nuestra madre, “Saquen los cuchillos y las tijeras”, lo más fácil era encontrar los cuchillos, las tijeras andaban regadas por toda la casa. “Apúrense chicos, se va el Afilador”.
Desde el papá hasta el menor de la casa poníamos de vuelta y media la casa, hasta las tijeras de la abuela, esas que eran de acero y que según los brujos se ponen debajo de la cama de los recién nacidos en forma de cruz para que los “duendes” no molesten ni se los lleven al otro mundo.
Piedra recién pulida, rueda gastada por el tiempo con una banda de jebe y una tira de cuero, un recorte de periódico pasado para probar el filo de las tijeras eran sus instrumentos de labor.
Hoy ya casi extinto, se le puede ver en algunos mercados afilando los cuchillos de los carniceros y polleros, son muy pocos los que aún se aventuran a entrar en los barrios a cumplir con su misión.
Dicen que un buen Afilador se lleva a diario un promedio de 80 soles, este personaje también era conocido como “el mil oficios”, eran jardineros, pintores, realizaban los trabajos de aseo de las casas, en fin donde podían sacar alguito, ahí caían.
Hoy en Memorias de Lima hemos tenido el gusto de tener al Afilador de Cuchillos. Cuéntanos tu experiencia con este personaje casi extinto de Lima.
